¡Una clave vital!

  • 22 marzo 2018

La mayoría de nosotros lo queremos todo, y sin duda, para ya. Vivimos en una época en la que tenemos a nuestro alcance envíos a domicilio, envíos en 24 horas y miles de facilidades. Generaciones anteriores, sin duda, conocían mucho mejor lo que suponía el esfuerzo, la disciplina, la tenacidad y la paciencia. 

Somos afortunados, sin duda, pero también creo que tiene un precio. Es, sin duda, un avance, poder cruzar el charco en cuestión de horas y no tener que pasar semanas en un barco. Pero hay cosas en esta vida que costaron, cuestan y seguirán costando mucho esfuerzo y perseverancia. 

Hace unos días que mi hermano, practicante de Zen, me comentaba que el maestro con el que suele hablar le contó que en su casa de espiritualidad de Alemania, todos los años, tienen alrededor de 1000 inscripciones anuales, y que al final de año consideran un éxito cuando quedan, aproximadamente, 10 personas. Un porcentaje realmente bajo de personas que realmente se comprometen consigo mismas, dispuestas a hacer el camino… 

Esto no solo ocurre con el Zen. Ocurre con todo lo que no da resultados a corto plazo. Ocurre con todo lo que supone un esfuerzo, que requiere disciplina, un trabajo personal y que no implique necesariamente una gratificación a corto plazo. 

Creo que es condición humana y también creo que solo unos pocos son conscientes y a pesar de esa condición, siguen. Cada uno encontrará su motivo, pero lo que está claro es que son esos pocos los que llegan a maestros, a campeones, a personas de éxito. 

La disciplina, la perseverancia, el esfuerzo… son valores que “venden poco”. La gratificación instantánea se vende mucho más fácil, pero es, sin duda, mucho más corta.

Sin dejar de dar gracias por las facilidades que hemos tenido en mi generación, y sin poner como excusa esas mismas facilidades, creo que muchos de nosotros lo hemos tenido “demasiado fácil” y se nos olvida que, como dijo Aristóteles:

Se quiere más lo que se ha conquistado con más fatiga

No sé hasta que punto valoramos todo lo que tenemos, pero sí que creo que a veces nos falta un poco de perseverancia. Saber esperar, seguir luchando, darnos un poco más… y no estar esperándolo todo YA y PARA AHORA.

 

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<p>Al terminar mi cuarto año de medicina tuve mi primer contacto con la quiropráctica, y al profundizar en su conocimiento encontré un nuevo sentido a todo.</p>

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