Un hasta luego

  • 17 agosto 2017

Voy a intentar poner en palabras todo lo que llevo dentro. No sé cómo saldrá, pero por lo menos intentarlo. Como todos los posts que escribo cada semana, con la intención de compartir lo que siento sabiendo que no soy la única que está pasando por todo esto.

Como muchos de vosotros sabéis, mi padre se fue hace poco… no hace ni tres semanas. De alguna manera le siento cerca, así que esta vez lo escribo en formato de carta. No como un Adiós, sino como dice el título, como un hasta luego

Queridísimo Aita:

No hace ni 3 meses te llamé por teléfono y te acompañé a que te dieran los resultados de unos análisis. Por las circunstancias, acabamos yendo a Vitoria Ama tú y yo, agradecidos todos de poder contar con Jontxu, y de  poder saber ese mismo día lo que tenías. El mazazo fue grande, y enseguida supimos todos que no contábamos con mucho tiempo.

Ya desde el principio nos demostraste tu fuerza y te agarraste, o te “sujetó”, ese algo en el que tanto crees y del que tanto hablábamos. También desde el principio pensaste más en nosotros que en ti mismo. Tengo que reconocer que al principio creía que era más fachada, un intentar parecer más fuerte, pero nos has dado una lección a todos.

Estamos tristes, pero agradecidos por lo fácil que nos lo has hecho a todos con tu paz, la sensación de plenitud que nos contagiaste a todos, y tu manera de aceptar lo que te había tocado. Estabas feliz rodeado de los que tanto te queremos. Cerraste temas que tenías pendientes y te quedaste libre de rencores o resentimientos. Compartiste sin miedos y sin barreras todo lo que te pasaba por la cabeza y por el corazón hasta el punto de hacernos reír (que conste que te grabamos alguna conversación telefónica). Sin duda dejaste tu huella en aquellos que tuvieron la suerte de vivir estos dos meses contigo; a nadie dejaste indiferente: amigos, familiares, al equipo de hospitalización domiciliaria y a los que convivimos contigo tan de cerca…

No voy a idealizarte ahora. No eres perfecto, pero te voy a reconocer que sólo me vienen las cosas buenas a la memoria. De momento, y por encima de la tristeza, siento la gratitud por todo lo que siempre has hecho por ayudarme a convertirme en quién soy. Gratitud por los dos meses que hemos podido compartir contigo, por dejarte ayudar y por las risas que nos echamos; porque somos conscientes de que podía haber sido muchísimo más duro y lo hiciste muy fácil.

Terminaste feliz. Una noche te acompañaba a la cama y me dijiste que tenías miedo de que la felicidad que sentías no fuera real. No te quedaban ni diez días para morir. ¡Cómo no voy a sentir gratitud cuando las últimas palabras que escuché de ti fueron “qué a gusto se está aquí”, después de que te metieras en la cama y nos tumbáramos Imanol y yo contigo…!

Nos ayudaste a entender la muerte como parte de la vida… a muchos de nosotros.

No te voy a engañar: te echamos de menos. Sé que estás, no sé muy bien dónde, pero creo, como tú, que somos parte de algo mucho más grande, y tú, sigues siendo parte de ese algo tan grande. Desde luego, eres un grande 🙂

Sabías que nos seguiríamos cuidando unos a otros. No tenías duda, y eso te dejaba tranquilo. Eso tenlo por seguro.

La de risas y broncas que hemos tenido. “Mi frontón” me llamabas, porque discusiones hemos tenido unas cuantas. El mismo día del diagnóstico me preguntaste que con quién discutiría a partir de ahora… te dije que ya encontraría a alguien. La verdad es que no. Seguiré discutiendo y defendiendo mis ideas como siempre, pasionalmente, pero dudo de que encuentre a alguien con quien discutir como contigo… ¡imposible!

Ese mismo día compartí contigo uno de mis sueños: escribir un libro contigo sobre Salud; sobre cómo creo que el paradigma médico no es erróneo sino incompleto… cómo falta esa visión holística y vitalista del ser humano, y cómo creo que la Quiropráctica complementa y cómo creo que las 2 profesiones y visiones podrían hacer un gran trabajo juntas. Una lección más aprendí: cuando posponemos las cosas perdemos oportunidades y yo he perdido esta, pero como médico y con todo el trabajo que hiciste en tus últimos años sobre la ciencia y la fé, estudiando desde el Big Bang hasta nuestros días, se me enciende una nueva ilusión y quién sabe, tal vez nazca un nuevo proyecto.

Qué más te puedo decir Aita. Que te quiero, que te voy a echar mucho de menos y que te tengo presente cada vez que canto, cada vez que escribo y cada vez que hago mi trabajo. No eras de decirnos directamente lo orgulloso que estabas de nosotros, aunque ya lo sabíamos, pero hace poco me lo dijiste cuando me llevabas a casa. Me emocioné de pura gratitud, porque como te dije al día siguiente, Ama y tu me lo habéis dado todo para poder hacer lo que más me gusta. Mi consulta, el blog, cantar… y por supuesto la familia y todo lo que me rodea.

Gracias, Gracias, Gracias

Y como tiene que ser, te mando un abrazo enorme de corazón a corazón

Ana

La foto de este post no es una foto cualquiera. Al poco tiempo del diagnóstico, mi familia y yo nos fuimos un fin de semana de turismo rural. Ya sabíamos lo que había, y él también. Al ver la foto, el pidió que esta fuera la foto con la que se le recordara. Así será 🙂 Como decía antes, un grande!!

 

About This Author

Al terminar mi cuarto año de medicina tuve mi primer contacto con la quiropráctica, y al profundizar en su conocimiento encontré un nuevo sentido a todo.

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