La actitud importa

  • 14 julio 2017

Tengo la gran suerte de poder tener conversaciones en la consulta con personas de las que aprendo mucho y que me hacen recordar lo increíblemente bien hecho que está el cuerpo. Hace no muchos días estuve hablando con un cardiólogo que viene a la consulta, un gran profesional que lleva décadas tratando a pacientes y viendo problemas de corazón. Me comentaba lo vital que es la actitud en la enfermedad, y sobre todo ante la vida. Después de muchos años de profesión, me comentaba que no tiene ni duda del efecto que nuestra actitud ante la vida tiene en nuestra salud, y por su experiencia y lo que ha visto, el efecto que tiene en el corazón y las cardiopatías.

Es posible que nos cueste aceptarlo, pero él me comentaba que la asociación estaba más que clara: las personas con una actitud negativa ante la vida, enfadados y frustrados, sufren con mucha más frecuencia problemas de corazón; en cambio, aquellos con una actitud positiva, centrados en lo que va bien y que son capaces de sonreír ante las adversidades y de disfrutar de cada día, tienen una menor posibilidad de sufrir problemas de corazón. En su carrera, centrado en la rehabilitación cardíaca, me comentaba que era capaz de prever también quién iba a ser capaz de tener una buena rehabilitación casi desde el primer día simplemente por conocer a la persona y ver su actitud.

Que somos más que simplemente un conjunto de órganos que funcionan, mucho más que un cuerpo, creo que en el fondo lo sabemos todos, pero lo difícil no está, una vez más, en saberlo, sino es saber cómo unir todas esas partes, en saber qué hacer cada día. ¿No os parece?

Para mí se abre todo un mundo de posibilidades y ahí es donde creo que nuestra mente también debe abrirse, y por supuesto, la medicina tradicional también. Aceptar que a veces no solo es suficiente tratar la parte más física, sino aceptar que tenemos una parte emocional e incluso una parte espiritual que es necesario cuidar, alimentar y mimar. Para tantas personas resulta tan incómodo hablar de estos temas, que acabamos por simplificar nuestras vidas sin querer entrar en temas “más profundos”, pero creo que no podemos negar que son aspectos que forman parte de todos nosotros. Negando esos mismos aspectos estamos negando una parte de nosotros mismos, y ahí aparecerá un vacío que se hará notar no sé si de forma física o de forma más sutil, pero aparecerá.

Hay que ser valientes, reconocer y aceptar que son partes de todos nosotros, o al menos eso creo yo. Supone también ampliar nuestra visión del cuerpo sin rechazar el paradigma más científico. Ampliar no es minimizar la parte más científica. Que la ciencia médica (o cualquier otra ciencia) todavía no pueda explicar ciertas partes de quiénes somos, no quiere decir que esas partes no estén ahí, y voy más allá, que esas partes no tengan una gran influencia en nuestra salud, enfermedades y sobre todo en nuestra capacidad de recuperación, que es en lo que más me centro yo con lo que hago cada día en nuestra consulta. Por eso me gusta tanto la quiropráctica: porque nos centramos en eliminar lo que impide que esa persona funcione adecuadamente, y a veces, sorprendentemente (para los pacientes e incluso para nuestro equipo)  lo que antes notan las personas es fortaleza emocional, antes incluso que fortaleza física… o al revés… cada persona teniendo su propio camino.

Aquí os dejo por hoy, con la experiencia de un cardiólogo que lo tiene bien claro, y sin duda, de una quiropráctica que también lo tiene muy muy claro: el cuerpo va mucho más allá de la suma de las partes, y somos mucho más que la parte que se puede tocar, y si no cuidamos toda esa parte que no se puede tocar o medir, es muy difícil que podamos estar sanos del todo.

Un abrazo de corazón a corazón

Ana

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Al terminar mi cuarto año de medicina tuve mi primer contacto con la quiropráctica, y al profundizar en su conocimiento encontré un nuevo sentido a todo.

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