A veces nos adelantamos y damos cosas por hecho… una pena… no te pierdas esta historia

  • 17 mayo 2017

De niña crecí con una historia que nos solía contar mi padre de una tía suya a la que quería mucho… Una de esas historias con moraleja… una de esas historias que te dejan un regustito a: “pues es verdad… yo también lo hago; a ver si tengo un poco más de cuidado a partir de ahora”…

Si os parece os la cuento…

El abuelo de mi padre (os podéis imaginar que es ya hace unos cuantos años) trabajaba duro durante el día, y al llegar a casa agradecía tener agua que poder beber. Se ve que por aquel entonces no tenían agua corriente. El caso es que un buen día de calor, le pidió a una de sus hijas (la tía de mi padre) que fuera a por agua al manantial. Sabiendo lo duro que había trabajado su padre aquel día y lo que agradecía el agua fresquita, decidió ir a un manantial que estaba un poco más lejos porque sabía que el agua estaba más rica y más fresca. Tardaría más, sí, pero seguro que su padre lo agradecería.

A su padre, cuando llegó con la jarra, no le dio ni tiempo de dejarla en la mesa. Le riñó, le gritó y le castigó por haberle hecho esperar tanto, ¿cómo era capaz de hacerle esperar después de pasarse el día trabajando para darles de comer? Seguro que se había quedado jugando con sus amigas… no era capaz de entender cómo su propia hija podía ser tan desconsiderada… La tía de mi padre, con el corazón en un puño y con todo el dolor del mundo, calló, no dijo nada y aceptó lo que su padre le decía.

En cuanto su hija se fue, el padre cogió la jarra para servirse un vaso, y en cuanto la tocó, sin necesidad de probarla siquiera, se dio cuenta de dónde venía ese agua, de lo que su hija había hecho por él, y lo injusto que había sido al echarle semejante bronca dando por hecho que su hija simplemente había perdido el tiempo por el camino. Con lágrimas cayéndole por las mejillas fue donde ella, le pidió perdón, y como cuenta mi padre, nunca bebió de esa jarra.

¿Cuántas veces damos por hecho por qué hacen las personas las cosas?

¿Por qué siempre pensamos lo peor de los demás?

No sé si es cuestión de protegernos, de no creer en la bondad de los demás o qué, pero la verdad es que sigo creyendo que hay gente buena por ahí, y espero aprender poco a poco a no dar por hecho las cosas, porque no ayudo a nadie, y desde luego menos a mí misma.

Un abrazo enorme

Ana

P.D.: Aita, esto va para ti. Porque siempre estás ahí y porque me lo has dado TODO.

About This Author

Al terminar mi cuarto año de medicina tuve mi primer contacto con la quiropráctica, y al profundizar en su conocimiento encontré un nuevo sentido a todo.

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