Lecciones sobre vulnerabilidad

  • 20 julio 2016

Hoy me toca hablar de vulnerabilidad. Porque hay momentos en las que todos la sentimos.

Nadie es fuerte 100% del tiempo. Nadie es perfecto 100% del tiempo. La cuestión no es si lo somos o no, creo yo, sino si estamos dispuestos a reconocerlo y aceptarlo.

A todos nos pasan cosas que nos sacan nuestro lado más vulnerable. Como siempre, algunos más que a otros, pero hoy quiero compartir lo que he aprendido de la vulnerabilidad y de esas situaciones que nos dejan tan expuestos.

Yo entendía la vulnerabilidad como debilidad, como un riesgo evitable, algo a prevenir. La relaciono con incertidumbre, riesgo y con estar expuesto emocionalmente a lo que la vida trae. Durante mucho tiempo me he dedicado a enfrentarme a esas situaciones con una actitud de lucha, con un intento de autoconvencerme de que puedo con lo que me echen. Con tenacidad. Creo que muchos de nosotros hemos crecido con ese tipo de valores. Esta sociedad nos empuja a evitar el sufrimiento, la incomodidad de la incertidumbre y a centrarnos en lo que pensarán los demás y a hacer las cosas como se debe hacerlas para sentirnos mejor.

Estos últimos meses me ha tocado enfrentarme a mi propia vulnerabilidad como nunca antes me había tocado. La verdad es que no sé si habría empezado este camino si mi situación fuera distinta, pero aquí estoy. Con la mente y el corazón abiertos, y dispuesta a reconocer dónde me he equivocado y sobre todo, cómo estaba limitando mi vida por no exponer mi vulnerabilidad.

– He descubierto que mostrarse vulnerable es mucho más difícil que hacer como que somos fuertes, así que de debilidad nada.

– Gracias a la vulnerabilidad he sido capaz de sentir gozo, felicidad y de vivir situaciones con muchísima más plenitud. Creo que no se puede tener un aspecto sin el otro, y os puedo garantizar que de momento me quedo con esta segunda opción de vida en la que me centro en lo que siento y no en lo que hago, momento en el que vivo mucho más en el presente y no intento crear una versión de mí misma distinta a lo que realmente hay.

– He sido capaz de aprender a pedir ayuda y sobre todo, a dejarme ayudar. No es fácil, y seguro que muchos de vosotros, como yo, os centráis más en ayudar a los demás que en pensar en vuestras propias necesidades. Pedir ayuda supone reconocer que solos no podemos, que no lo sabemos todo y que hay cosas de nuestra vida que queremos que cambien. Pues sí, fácil no es, pero he descubierto lo que somos capaces de hacer unos por otros y lo lejos que podemos llegar cuando decidimos no hacer el camino solos.

– He aprendido a recibir el amor de los demás. Esto me cuesta reconocerlo, pero durante mucho tiempo, tenía la sensación de que la gente me quería por “pena”. Poco a poco he ido abriendo mi corazón y ahora soy capaz de sentir el amor que los demás sienten por mí, las ganas innatas que tienen las personas de ayudar cuando se les da la oportunidad y el impacto que las cosas pequeñas del día a día tienen en nuestras vidas: los pequeños detalles, las muestras de cariño, el respeto y la aceptación incondicional de quienes somos.

Estos últimos meses me ha tocado pedir ayuda a amigos, dejarme ayudar por gente desconocida de la calle y permitir que la gente me vea en momentos realmente bajos (en algunos momentos hasta inconsciente). Estar expuesta en situaciones de esas no es nada fácil, pero últimamente me ha resultado más fácil porque me he abierto al amor y el cariño de los demás. He permitido que la gente sacara su lado más humano y me he dejado ayudar. He pedido respeto por las decisiones que tomo en mi día a día y me lo han dado y sobre todo, me he centrado en lo que yo necesito sin estar tan pendiente de lo que los demás pensarán de mí.

Creo sinceramente que el cambio lo he hecho yo. La gente ya era así y lo habría sido antes si les hubiera permitido serlo y eso en sí es ya una gran lección. Soy mucho más consciente de la importancia que tiene dejar que los demás sean lo que realmente quieren ser y centrarse en uno mismo: nuestros límites, nuestros bloqueos y nuestros miedos.

Sigo teniendo miedo a lo que la gente pensará, pero ya no determina lo que digo o lo que hago, o mucho menos.

Sigo haciendo las cosas que creo que tengo que hacer, pero mi mayor motivación ya no es ese perfeccionismo superfluo que solo intenta tapar nuestras inseguridades. Ahora busco seguir mis valores y hacer lo que buenamente puedo en cada momento.

Sigo dudando de las decisiones que tomo cada día, pero ahora soy capaz de sentir cuando las decisiones están basadas en el miedo y esperar, soy capaz de sentir ese miedo y esa incertidumbre, parar y observarla y ser capaz de seguir adelante guiada por lo que realmente tengo dentro, mis valores y mis creencias, y no el miedo.

Me sigue sin gustar que la gente me vea en los momentos bajos pero procuro centrarme en el cariño que me dan, las oportunidades que surgen de conectar con las personas a un nivel más profundo y no solo quedarme en la vergüenza que pueda sentir.

Me siguen entrando las ganas de controlar muchos aspectos de mi vida, pero cuando paro y simplemente siento lo que hay, soy realmente consciente de que pocas cosas tienen una explicación sencilla y que la mayoría de las veces no entiendo por qué me pasan las cosas y de alguna manera estoy en paz con eso.

Es curioso lo que la vida nos trae y las situaciones en las que nos vemos envueltos, pero si algo estoy aprendiendo últimamente es que cada día nos surgen oportunidades para conocernos mejor y disfrutar más intensamente de este regalo que es la vida.

Quiero aprovechar esta oportunidad para dar las gracias a todas esas personas que me están dando su mejor versión en forma de amor, aceptación de lo que soy y ayuda cuando la necesito. Familiares, amigos y para mi sorpresa, muchos desconocidos que me siguen recordando cada día que dentro de cada uno de nosotros hay un profundo deseo de hacer el bien y de ayudar a los demás. Sé que si no estuviera pasando por momentos de incertidumbre no habría descubierto mi fortaleza, y que todo esto me está ayudando a ser mejor persona, y por supuesto, a ayudar más a los demás. Siento gratitud y poco a poco soy más capaz de sentir todo lo que me toca vivir, siendo muy consciente de que el objetivo no es sentirme bien todo el rato sino ser consciente de lo que hay, no rendirme y seguir pasito a pasito.

Deseo de corazón que seáis capaces de abrir vuestro corazón y que saquéis la fuerza necesaria para sentir esa vulnerabilidad. Una gran inspiración para mí ha sido Brene Brown y su video sobre vulnerabilidad en TED talks. Se ha convertido en uno de los 10 videos más vistos de esa plataforma y merece la pena. Os he dejado una versión subtitulada en castellano. No os lo perdáis y seguid disfrutando de la vida todo lo que podáis.

Un abrazo enorme

Ana

About This Author

Al terminar mi cuarto año de medicina tuve mi primer contacto con la quiropráctica, y al profundizar en su conocimiento encontré un nuevo sentido a todo.

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