La historia de Paula…

  • 30 septiembre 2015

Hay historias que hay que contar. Personas que luchan y que nos recuerdan, cada día, que hay esfuerzos que merecen la pena.

 

Hace un par de años entraron en la consulta una madre con su hija. Recuerdo perfectamente la mirada de incertidumbre de la hija, y la mirada de ruego de la madre. Sólo dijo una cosa: “la dejo en tus manos”.

Es curioso cómo lo vive cada parte, pero yo sé que esa chica no estaba en mis manos. Estaba en las suyas y en las de algo más grande a la que quería conectarle.

 

En realidad no se llama Paula, pero así le vamos a llamar de momento.

 

El otro día, en contestación al blog anterior – Dos preguntas que cambian la vida-, Paula me escribió algo que me hizo darme cuenta de que su historia merecía ser contada.

 

He estado pensando en esto parte de la noche y la mañana.

La verdad es que no me había dado cuenta hasta hora, pero poco a poco, voy cumpliendo pequeñas metas o sueños.

Hace dos años cuando te conocí, era diferente en muchísimos aspectos; en la forma de pensar, en que juzgaba a la gente (la gran mayoría de las veces sólo por lo que me decían de ellas), en cómo me veía a mi, como si fuese una víctima, en pensar que las cosas malas que me sucedían era por culpa de otros y no mía… y así seguiría pues unas cuantas líneas más.

¿Mi sueño? No sé cuál es mi Gran sueño en realidad, lo que sé es que cosas como las que he enumerado antes han cambiado y todas ellas para mejor; quizás no todo lo bien que deberían, pero por algo se empieza ¿no?

Lo que más me importaba cuando fui a tu consulta no era ninguna de estas cosas, sino mi enfermedad (ya victimismo) y las dichosas pastillas, de lo cual ahora estoy muy contenta porque de las 9 ,o incluso según el día llegaba a 10, ahora tomo 3, este último viernes me he quitado una más, la del mediodía y me puedo decir ¡¡ GUAU, ole por mi!!!

Así me he dado cuenta de que poco a poco, voy cumpliendo metas y sueños que yo me había puesto e incluso otras en las cuales ni había pensado.

Este verano, como ya te dije he decidido comenzar mi nueva vida aquí y sabes no hago mas que pensar, ¿me habré equivocado? ¿habré elegido la opción mas sencilla?… y un montón de cosas más.

Así que para no variar, te pido ayuda, no sé cómo seguir; me explico: sé que quiero y necesito trabajar, quizás no en lo que me gustaría, pero necesito el dinero, así que mientras  no encuentre algo que me apasione empezaré por lo que salga. Hasta aquí bien, pero qué más… no sé si me explico, ¿cuál es el siguiente paso?

 

Sé que no conocéis a Paula, pero que sea capaz de compartir su historia y que sea capaz de darse cuenta de todas esas cosas es realmente impresionante. Es posible que no sea consciente, pero ha hecho un cambio que muchas personas no se atreven a hacer. Es curioso que me pida ayuda otra vez cuando realmente yo no he hecho nada, y no lo digo por modestia. Cuando quedábamos, sólo le recordaba que yo no era la persona ideal a la que quejarse, sino que me centraba más en las soluciones, y era ella misma la que daba el siguiente paso. Paula, ¿qué necesitas?¿que nos sentemos y yo te repita que la decisión es tuya y que quejarse no sirve de nada? pues quedamos.

 

Cuando vi lo que había escrito, decidí compartirlo con todos vosotros y le pedí que escribiera cómo veía ella su vida antes 🙂 Aquí lo tenéis.

 

Mi vida era un caos, debido a los medicamentos que tomaba, tenía mucho sueño, con lo que me pasaba gran parte del día durmiendo; era una persona muy nerviosa, de hecho cuando hice el ciclo superior y posteriormente otros cursos, cada día que iba, era un manojo de nervios, no sabes hasta qué punto, incluso me daban pequeños ataques de ansiedad. La verdad es que ahora que me he puesto a pensar era un horror. Claro ya ni pensar en salir de la zona de confort, no sabía ni lo que era.

 

No apreciaba las cosas que tenía en mi vida ( sólo pensaba en mi enfermedad y el por qué me había tocado a mi) como unos aitas que me han apoyado desde el principio, sobre todo mi ama, de hecho fue ella quien  te descubrió y me llevo a ti.

 Cuando entré por la puerta buf… sentí muchas cosas. Estaba muy nerviosa, tenía miedo y la verdad no tenía ninguna esperanza de que pudieses ayudarme. He acudido a muchas personas, todas ellas profesionales y ninguna me ha tratado como tú, como una persona normal. Yo estaba acostumbrada a que me trataran como una enferma y de ayudarme nada de nada, ni cuando me trataban, ni claro mucho menos en otro tipo de horarios; En cambio tú sin conocerme de nada, me has ayudado, desde el primer momento sin poner ninguna pega, ni reglas y eso créeme que no lo hace nadie y te lo puedo asegurar. No sé cómo voy a agradecerte todo lo que has hecho y estás haciendo por mí.

 Por cierto, esto va ser para poder ayudar a otras personas ¿ no? o al menos ese es el fin. Pues ¿sabes qué? si es así, voy a poder cumplir otro pequeño gran sueño, gracias a ti.  

 

¿No es realmente genial? A mí me pone los pelos de punta pensar lo que ha hecho Paula, de lo que ha sido capaz, y lo mejor de todo, a toda la gente a la que va a poder ayudar desde ese corazón tan grande que tiene. Sólo compartiendo su experiencia basta.

 

Espero que esta historia os sirva como un pequeño empujoncito más para poder conectar con esa inteligencia innata que todos llevamos dentro y que nos sabe guiar mejor que nadie.

 

Un abrazo de corazón.

Este post, sin duda, dedicado a “Paula”. Ánimo campeona y a seguir viviendo la vida a tope.

 

 

 

 

 

About This Author

Al terminar mi cuarto año de medicina tuve mi primer contacto con la quiropráctica, y al profundizar en su conocimiento encontré un nuevo sentido a todo.

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