8 razones comunes por las que sufrimos

  • 5 mayo 2015

Hoy hablamos del sufrimiento, porque antes o después todos hemos pasado por ahí 🙂 Espero arrojar un poquito de luz a “todas esas cosas horribles” que nos pasan, y que entre todos, podamos ver nuestra vida con un poquito más de perspectiva 🙂

Las cosas que nos pasan y ciertos sentimientos son parte de la vida. Es bastante utópico creer que siempre vamos a estar alegres, que no nos va a doler nunca nada o que nada malo les va a pasar a nuestros seres queridos. El dolor es parte de la vida... pero ¿sabéis que? que no tiene nada que ver con el sufrimiento.

El sufrimiento es todo aquello que nos decimos a nosotros mismos cuando nos pasan algunas de esas cosas… lo que nos preocupamos, las vueltas que le damos a las cosas y la resistencia que tenemos a aceptar las cosas como son.

 

Como un buen ejemplo siempre ayuda…

Imaginaros una pareja que acaba de romper. El chico o la chica, la verdad es que da igual, llora amargamente por la ruptura. Está triste; normal. Nadie puede decir que romper una relación con alguien a quien quieres sea fácil. Genera dolor y punto. Ahora bien, ¿qué acompaña normalmente a estas situaciones y a este dolor? A ver si os suena 🙂

  • ¿Por qué yo?
  • ¿Qué habré hecho mal?
  • ¿Qué he hecho yo para merecer esto?
  • ¿Habrá encontrado a otra persona?

Y así un largo etc…

El evento duele, de eso no hay ni duda, pero los pensamientos que normalmente nos vienen a la cabeza son muchísimo más destructivos que el evento en si. El dolor es parte de la vida, el sufrimiento no. El dolor, antes o después, sea físico o emocional, lo vamos a sentir. El sufrimiento, que es todo lo que nos decimos sobre lo que está pasando, sí lo creamos nosotros y por lo tanto sí lo podemos evitar

“El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.”
Buda

Entonces… ¿por qué sufrimos?

Voy a enumerar una serie de mecanismos que sin darnos cuenta usamos a veces y que nos hacen sufrir más de la cuenta. Es posible que te identifiques con alguno en especial. Se trata de, poco a poco, ser más conscientes de los pensamientos y a poder ser, poder interrumpir los patrones que nos destruyen.

  1. Expectativas (como deberían ser las cosas): una de las razones más comunes de sufrimiento. Cuando la realidad y nuestro mundo ideal no cuadran, sufrimos. Cuanto más pensemos cómo deberían ser las cosas, más alejados estaremos de cómo son. No digo que no podamos hacer nada para mejorar, cambiar las cosas e intentar mejorar nuestro mundo, pero todo parte desde la aceptación de lo que es ahora mismo. Me da la sensación de que no hay mucha fuerza en pensar cómo deberían ser y en frustrarnos porque no son como nos gustaría.
  2. No vivir el presente: esta es grande. El pasado nos agobia… culpa, sensación de debilidad, miedos y muchas sensaciones que nos vienen al pensar cómo hemos sido o lo que hemos hecho en el pasado. El futuro, ni te cuento. Con la de cosas que ¡¡¡podrían salir mal!!! ¿¿Pero sabes qué?? Que ni mucha culpabilidad ni mucha preocupación han cambiado nada. Coge aire, siente tus pulmones, el aire, tus manos, tus pies… hazlo, de verdad… acabas de vivir el momento presenteos sugiero que veáis este video todos los días 🙂
  3. Ponernos en lo peor: este, a veces, me hace gracia. Digo a veces porque la mayoría de las veces es más pena lo que siento… Seguro que habéis oído alguna vez la frase de “no dar falsas esperanzas”. Las personas podemos tener esperanza o no, pero tengamos lo que tengamos, seguimos teniendo cero idea de lo que va a pasar en el futuro. La cruda realidad es que desconocemos lo que va a pasar. Por alguna razón, creemos que ponernos en lo peor nos protege. Algo así como : si sale mal, puedo decir que ya me lo esperaba. Tengo la sensación de que es una protección de la mente, pero la verdad es que no funciona demasiado bien. Si algo sale mal, nos va a doler, lo estemos esperando o no… y a nivel práctico, me da igual que sea salud, dinero o amor, una actitud positiva siempre nos acercará al objetivo mucho antes que ponernos en lo peor. Sinceramente, no funciona. ¿A que no se os ocurre pensar toda una mañana en lo que os va a doler la cita con el dentista pensando que eso os va a disminuir el dolor? Es posible que nos vaya a doler, pero no hay manera de prepararse, y casi mejor, disfrutar la mañana, ¿no? Pues creo que eso pasa con todas las cosas por las que nos aconsejan “no tener esperanzas”. Si algo va a salir mal, nos va a doler sí o sí, y cuando llegue el momento tendremos que lidiar con la situación, pero de momento, ¿qué sentido tiene ponernos en lo peor? No disminuirá la caída… dolerá igual.
  4. Victimismo: esta es dura. Es dura porque a nadie nos gusta que nos digan que vamos de víctima, desde luego a mí no me gusta nada, pero os pido que hagáis una reflexión. Paraos a pensar un minuto sobre las veces que os ha pasado algo… la gente nos cuida, nos mima, nos hace caso… parece ¡¡maravilloso!! Sentimos que nos quieren y que le importamos a alguien. Creo que eso lo aprendemos desde niños, la verdad, y la mayoría lo arrastramos hasta la edad adulta: “ay pobre de mi” se convierte en un mantra y claro, no de los buenos.
  5. Echar balones fuera: esta tampoco resulta fácil. Nos cuesta responsabilizarnos de las cosas que nos pasan y que sentimos. Resulta muchísimo más fácil culpar a los demás de todo lo que nos pasa, de lo que nos hace sentir mal, de lo que no sale bien. Mucho más difícil porque responsabilizarse supone aceptar muchas cosas que no queremos, pero la verdad es que echando balones fuera nunca te haces responsable de ti mismo, y a la larga, eso no puede traer nada bueno, ¿no?
  6. Zona de confort: se está agustito sin crecer, ¿verdad? Estamos donde estamos, evitamos los riesgos no vaya a ser que fracasemos, y elegimos no responsabilizarnos de las cosas. ¿Crecer? ¿Para qué? Lo evitamos porque crecer supone cambiar y el cambio siempre es ¡incómodo! A ver quién se pone en una situación incómoda adrede, ¿no? Comentario: todo lo que quieres está al otro lado!! Vas a tener que estar un poco incómodo y salir de tu zona de confort para conseguir todo aquello que quieras. Sugerencia: da por hecho que va a ser un poco incómodo en vez de creer que va a ser maravilloso, y tendrás más fuerza.
  7. Resistencia a lo que somos y a lo que vivimos: esta es grande. Imaginaros la sociedad en la que vivimos como una gran orquesta. Cada uno tenemos nuestro sitio, nuestro instrumento, y nuestro único trabajo es dar la mejor versión de nosotros mismos. Todos juntos somos capaces de tocar grandes obras, en harmonía y por supuesto, bien afinado. ¿Sabéis cuál es el requisito indispensable? Que cada uno acepte su instrumento y procure sacarle el mayor provecho. Si lo mío es tocar el violín, poco favor hago a la orquesta si me pongo con el clarinete: lo haría mucho peor, más infeliz y por supuesto, la orquesta perdería su harmonía y buen sonido. Actualmente la vida nos da un instrumento: tenemos la opción de procurar sacarle el mayor provecho o podemos picarnos todo lo que queramos porque ese no nos gusta. Nuestra elección no está en el instrumento: cada uno tenemos nuestra función. La libertad está en la elección que tenemos sobre si dar nuestro máximo o no. ¿Aceptas quién eres, tus talentos, tus debilidades, tus fortalezas y las cosas que te pasan? Acuérdate de que dependemos de ti para crear grandes obras.
  8. Querer controlar: esta es curiosa, porque muchos de nosotros queremos controlar cosas y hasta cierto punto creemos que controlamos. Eso hasta me hace un poco de gracia, la verdad. ¿¿Eres consciente de que tu parte pensante solo es capaz de procesar 15 fragmentos de información de los 15 millones que hay en todo momento?? Nuestra parte consciente nos ayuda a vivir en esta sociedad, pero sed conscientes de que la vida es muchísimo más y la vive nuestra parte no consciente. Dejad de intentar controlarlo todo con esa parte consciente porque la realidad es que no podemos, ni mucho menos, acercarnos a controlar la mayoría de las cosas que nos pasan.

A ver si entre todos conseguimos sufrir un poquito menos 🙂

Suscribiros, compartidlo, pero sobre todo, disfrutadlo 🙂

About This Author

Al terminar mi cuarto año de medicina tuve mi primer contacto con la quiropráctica, y al profundizar en su conocimiento encontré un nuevo sentido a todo.

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